El rol de la filosofía en las transformaciones sociales

Esto es una versión del texto que presenté en la UV para un foro organizado por el centro de estudiantes y por Izquierda Autónoma.

El rol de la filosofía en las transformaciones sociales

Buenos días.

Muchas gracias por la invitación y felicitaciones por la instancia. Por el ejercicio de entender nuestras disciplinas en función de las transformaciones sociales. Especialmente en una como la filosofía, cuya práctica —o al menos formación— suele asumirse que está encerrada en la academia… o al menos eso afirma la academia. Desde ya pongo en evidencia mi sesgo: mi interés en la exposición es intentar dar cuentas de esto desde una posición materialista —en el mismo sentido que en “materialista histórico”.

Quizá habría que comenzar con una distinción momentánea. Les pido que por favor me concedan entender, por una parte, la filosofía en como disciplina y, por otra parte, como actividad humana. Por disciplina simplemente quiero decir “arte, facultad o ciencia” —como incluso sale en la RAE. Por actividad humana, como en sentido general cualquier cosa realizada por humanos, de carne y hueso. Ya sea de manera individual o colectiva. Quiero establecer, básicamente, un modo radicalmente secular de entender la filosofía, y no como algo dotado de carácter sacro o con capacidades de otorgar un acceso epistémico privilegiado a la realidad. Muy por el contrario, se trata de entenderla como una actividad humana más.

Como materialistas, preguntar por el rol de cualquier actividad humana exige que sea ubicada en el entramado de relaciones humanas que es la sociedad, cuya organización está en función de las relaciones materiales. Es decir, una actividad humana en sociedad está constreñida —cuando no determinada— por aquellas relaciones establecidas, según como organizamos el modo de producción de las condiciones de vida, tanto social, política como intelectual… y la filosofía no es ninguna excepción.

Disciplina filosófica

¿Qué es lo que debiese interesarle a una apuesta radical dada la especificidad de la disciplina? La construcción de pensamiento crítico para la acción revolucionaria. Sin embargo, no basta con la sola afirmación de estarse haciendo pensamiento crítico: ¡cuántos críticos critican críticamente para terminar en un activismo diletante! Esto fue tema en La Sagrada Familia, la primera obra escrita en conjunto por Marx y Engels. Aquí se dedican burlescamente a criticar la teoría de los hermanos Bauer y sus seguidores, cuya teoría consideraba que los creadores de la historia eran ciertos individuos selectos, portadores del “espíritu de la crítica”, en tanto que las masas sólo sirven de material inerte o de lastre del proceso histórico… hoy en día probablemente sean un gran cúmulo de votos, también se ve reflejado la exclusión de la sociedad de las decisiones políticas… o un “no me haga paro indefinido, vea la propuesta antes, mire que entendemos su malestar”.

Comenzaré, entonces, por la primera forma de entenderla: como disciplina. Insisto en que se me conceda que la distinción es momentánea, porque, en realidad, es prácticamente imposible hacer la separación de manera discreta y absoluta.

Hace un tiempo fui parte junto con un amigo, colega filósofo y compañero autonomista (Pablo Contreras), de una discusión en columnas que giró en torno al carácter de la filosofía. Básicamente, había una columna que se quejaba de que cómo era posible que los filósofos no fuésemos tomados en cuenta y que en los debates públicos fuesen consideradas antes “disciplinas de menor categoría”, con “incapacidad de tener por objeto la verdad”. El tema en cuestión era respecto a la naturaleza de la disciplina y, tomando en cuenta esto, el lugar—entiéndase función—en la sociedad contemporánea. No como algo abstracto al punto de la irrelevancia, sino que como un debate concreto respecto al trabajo intelectual de un número importante de profesionales en formación o ya trabajando en nuestro país.

Allí identificamos lo que creemos que representa el principal obstáculo para el desarrollo de la filosofía en Chile: una extraña mezcla de un profundo complejo de inferioridad respecto a algunas cosas y un injustificado complejo de superioridad respecto a otras. Afirmaciones como que las demás profesiones “se ocupan de sí mismas” o que “no se puede ser filósofo como se es ingeniero o contador”, y así sucesivamente, son comunes en los pasillos de los departamentos de filosofía. Lo que hay detrás es la idea de que la filósofa o filósofo y la filosofía se alzan por sobre el quehacer de los mortales comunes y corrientes. Ese es el complejo de superioridad.

¿Qué tendría la filosofía que le da una característica tan especial como para no ser considerada como una profesión más? ¿Qué razón para creer que físicos, ingenieros, antropólogos, y otros, no estarían buscando tanto la verdad (cuando no el bien y la belleza) como filósofas y filósofos? O, para formularlo de otra manera: ¿qué razones habría para creer que sólo filósofas y filósofos estamos llamados a encontrar la verdad, y no la totalidad de saberes y disciplinas de la sociedad? Y es que la filosofía también es parte del proceso de producción de conocimiento, no posee una esencia transmundana que la sitúe más cerca de la verdad. Creer lo contrario es simplemente un ejercicio de amor propio por la disciplina que, aunque entendible, sólo refleja una autocomplacencia que lleva a que sea común escuchar quejas del tipo “¡que por qué no somos consultados en los debates!”.

Esta última afirmación es tan irrelevante como es cierta. La verdad es que en un país con una democracia tan secuestrada por las élites como el nuestro, son muy pocos los que pueden participar de esos debates. Es imperativo que filósofas y filósofos participen sólo en tanto todas y todos deberíamos tener soberanía sobre los asuntos de la sociedad, y no porque sean capaces de entregar una mirada más verdadera, o más valiosa, que la del resto de los pobres mortales.

Por otra parte, el complejo de inferioridad se expresa cuando escuchamos con tono despectivo con que es tratado el trabajo que cotidianamente realizamos los filósofos y las filósofas. La crítica a quienes estudian y trabajan la filosofía hoy en nuestro país, a quienes incluso a veces hay resistencia a denominar como “filósofos”, pasa por culpar de supeditar la filosofía a relaciones contractuales, requisitos formales, o a la mera acumulación de papers para el curriculum “llenos de citas para garantizar que no hay ningún pensamiento o idea original” —afirmaba el filósofo interpelado. Con esto, gran parte del trabajo filosófico realizado en Chile ni siquiera sería filosofía, sino una pérdida de tiempo y recursos.

Por esto es que el complejo de superioridad va unido irremediablemente a un autoflagelante complejo de inferioridad: al ensalzar en extremo lo que imagina como la dignidad —siempre, obviamente, pasada y hace tiempo perdida— se termina por ningunear la producción filosófica real y presente de la que él mismo crítico forma parte. Más aún, al igual que con el complejo anterior, éste otro está completamente injustificado más allá de apelaciones a la tradición, la estética o criterios de evaluación irrealizables. Tan fantasiosa es la idea de lo que debería ser la filosofía en comparación con lo que es hoy, que olvidan detalles tan importantes como las usuales grandes lumbreras del pasado también estuvieron insertos en dinámicas modernas de trabajo académico.

Tanto es así que, por ejemplo, Wittgenstein y Kant trabajaron gran parte de su vida como filósofos profesionales en universidades en los países donde vivieron. Bajo esta forma de entender la filosofía, quedan fuera, también, ejemplos aún más claros de grandes filósofos que, asumidamente o no, estuvieron insertos en dinámicas modernas de producción filosófica y relaciones contractuales. La imagen de Heidegger como catedrático de la Universidad de Friburgo o de Bertrand Russell como un académico renombrado de la Universidad de Cambridge serían condenables si hiciéramos caso de las elevadas exigencias que suelen hacérseles a la disciplina.

Todo lo anterior apunta a un hecho ineludible: tanto el complejo de inferioridad como el de superioridad no tienen base alguna en la realidad. La filosofía y el resto de las humanidades son disciplinas en las cuales trabajan profesionales, al igual que en la física, la ingeniería, la sociología, la medicina o la historia. Las filósofas y los filósofos no vivimos nos alimentamos solamente de reflexión: necesitamos trabajar para poder sobrevivir y continuar escribiendo. Los pocos casos en que no fue así se debió a riquezas obtenidas por otros medios (por ejemplo, como Schopenhauer, una herencia millonaria) y con las que desgraciadamente no contamos— la mayoría al menos.

Además, igual que el resto de las disciplinas, la filosofía ha estado sometida a procesos de modernización en su modo de producción de conocimiento; y si bien este proceso en la actualidad ha implicado la adopción de criterios mercantilistas que deforman nuestra actividad, nuestro entrenamiento filosófico debería hacernos más capaces que nadie de darnos cuenta de que no es el cambio mismo el condenable.

Los once años de cárcel que pasó Antonio Gramsci en Italia sirven para ilustrar el punto central del argumento que presentamos contra este prejuicio establecido. Gramsci no estuvo en la cárcel por ser filósofo, ni por una característica especial de la filosofía, sino por su papel como dirigente social y político de procesos transformadores en Italia. Más aún, es el mismo Gramsci el que propone que los intelectuales —y con ellos, muy especialmente, los filósofos— desempeñan su función y rompen su cómplice silencio justamente cuando abandonan la torre de marfil con la que intentan erigirse por sobre el resto y bajan a trabajar y luchar codo a codo con el resto de los mortales.

Actividad filosófica

Habiendo entonces traído la filosofía a tierra y entendiéndola como un problema más dentro del problema de la producción del conocimiento, a continuación, intentaré dar cuentas de la actividad filosófica realizada bajo los criterios antes expuestos. Sin embargo, como soy escéptico de las definiciones (incluida la de la RAE… sobre todo la RAE) y también de hablar de características esenciales, salvo lo históricamente necesario (de todos modos, contingente). Procederé, entonces, a describir críticamente una variedad de ejemplos.

Más que un recuento, me interesa el rol que debiésemos imponernos filósofas y filósofos en las transformaciones sociales, tema del cual a todas luces no estamos ajenos: no sólo por la alzada de movilizaciones en este momento, principalmente porque en aquellos momentos en que el partido del orden ha sido puesto en cuestión, ha sido por la lucha educacional que busca consagrarla como derecho: en 2006, el mochilazo, se demandaba la universalidad del pase… ¡y la derogación de una ley orgánica! En 2011 adquiere el carácter más universalizable de “Educación pública, gratuita y de calidad”, cuya consagración no puede estar dada por el carácter social del Estado ni dentro de las lógicas de mercado. Los ribetes constitucionales, cuando no constituyentes, saltan a la vista. No es necesario ir a buscarlos a un cabildo ni a discusiones de expertos constitucionalistas… más bien, ellos debiesen de estar observando y aprendiendo de la movilización popular, de cientos de asambleas repletas y miles de familias llenando las calles.

Entones ¿qué debiésemos de estar haciendo las y los filósofos? La onceava tesis de Feuerbach es la que suele mencionarse “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.” No es por mirarla en menos, pero en general, al menos yo, tengo problemas con exposiciones —especialmente si son breves— que dependen de aforismos ¡Más aún cuando ni si quiera el mismo autor pretendía que fuesen publicados! Sin embargo, hay una carta de Marx, uno de mis documentos favoritos dada su claridad en la exposición, que envía a su amigo (y luego ex-amigo, como solía ser en su caso) Arnold Ruge:

… es más claro aun lo que, al presente, debemos llevar a cabo: me refiero a la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer los resultados a los que conduzca como en el de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder.

Ya volveré sobre este punto. Volvamos al respecto de la actividad filosófica. Esta es realizada por filósofas y filósofos de carne y hueso… vemos entonces qué tipo de relación se ha establecido durante el tiempo teniendo a la luz algunos casos de renombre (y otros no tanto) que mostrarían que la relación con la política nunca ha sido ajena. Sea por acción u omisión.

Heidegger, militante del partido nazi, quien fuera nombrado por Hitler como rector de la universidad de Friburgo. Jaspers cuenta una anécdota de una vez en que cuestiona a Heidegger de cómo podía él pensar que alguien tan “primitivo e inculto” como Hitler podría ser apto para gobernar. Heidegger responde que “… no es una cuestión de cultura. ¡Mire que maravillosas manos tiene!” —así de peligrosos pueden ser los líderes carismáticos, al parecer ni nosotros estamos inmunes. Sin embargo, su filosofía es rescatada tanto por reaccionarios como pensadores progresistas. Tómese el ejemplo del libro Comunismo Hermenéutico de Vattimo… no he leído nada más que la tapa, pero el nombre es sugerente.

Carl Schmitt, también militante nazi, que genera toda una teoría de la soberanía y termina por justificar el totalitarismo y el fascismo. Sin embargo, su filosofía también es rescatada por reaccionarios y progresistas: su forma de entender la política y lo político, y la distinción amigo-enemigo, han sido una herramienta constantemente utilizada por la izquierda —¡especialmente marxistas!

Más al pasado un caso de Platón. Cuando su hijo Dionisio II ascendió al trono en Siracusa, Dion, el tío/cuñado convenció lo convenció de invitar a Platón para que lo ayudara a convertirse en un filósofo rey del tipo descrito en la República… fracasó el proyecto y terminó en la cárcel. Es de notar que su teoría política encuentra una fundamentación en su teoría del conocimiento: recordemos el mito de la caverna y el lugar que este les concedería a los filósofos en la distribución del poder en la sociedad. Nosotros los filósofos arriba, por supuesto —aunque en realidad, como Gramsci, terminó recluido (no por las mismas razones, claro).

Hannah Arendt critica justamente estas pretensiones de los filósofos. Estaríamos buscando imponer esquemas universales en desmedro de la pluralidad de opiniones de individuos que surgirían en el seno de la sociedad, manteniendo una estricta distinción entre lo social y lo político. Llevado hasta (algunas de) sus últimas consecuencias, deriva en la búsqueda de representatividad absoluta. En el sentido de una diferencia cualitativa entre la agregación individual de intereses y una organización de individuos en otro nivel. Cosa que, al menos como lo concibo, termina por suplantar intereses sociales colectivos por las organizaciones que se planean como políticos. Sin embargo, posee una virtud y que al menos comparto con ella: la necesidad de devolver la filosofía a la actividad humana. No tiene por qué tener una dignidad por encima del resto ¡Incluso siendo subordinada a la opinión, la doxa!

Otro caso. Una cita:

…las ideas de los economistas y filósofos políticos, tanto cuando son correctas como erróneas, tienen más poder de lo que comúnmente se entiende. De hecho, el mundo está dominado por ellas. Los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún economista difunto. Locos con autoridad, que escuchan voces en el aire, destilan su histeria de algún escritorzuelo académico de uno años antes

…decía Keynes en las notas finales de La Teoría General del Desempleo, Interés y Dinero.
Recordemos a Adam Smith ¡antes que economista escribía filosofía! Filosofía moral en específico. La Teoría de los Sentimientos Morales se titula el libro de ética previo a su más conocido La Riqueza de las Naciones. En el libro anterior provee la fundamentación metodológica y los principios que desarrolla en el posterior. O el mismísimo Marx, quien escribió los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 ¡antes si quiera de haber estudiado economía!

Finalmente, volviendo al caso nacional, hay un libro por el filósofo Iván Jaksic, titulado Rebeldes Académicos, que básicamente es un recuento de la actividad filosófica en Chile hasta fines del régimen militar. Allí da cuentas como la filosofía y los filósofos (en este caso, patriarcado imperante, aplica el masculino) jugaron un rol central en la formación de la nación. No los identifica eso sí como cuadros dirigenciales, “dirigentes sociales” o incluso “políticos”. Sí como altamente involucrados en los asuntos públicos mediante la vinculación constante con las instituciones educativas del país, cuyas posiciones y visiones determinaban la conducción y contenido a enseñar y diseminar. Por ejemplo, el positivismo de esa época, que no funcionó sólo como una posición académica, era también una ideología empleada para llevar a cabo una serie de programas de cambio social asociadas a secularismo y valores liberales varios (o quizá los cambios sociales dieron luz a aquellas posiciones en la academia, pero eso es otra discusión).

Lo que muestra allí Iván Jaksic es que en Chile los filósofos (género universal mediante) han estado siempre involucrados en algún nivel de la política… cabe recordar que, por ejemplo, Fernando Flores, Enrique Correa, Max Colodro, Carlos Peña y ME-O, todos, estudiaron filosofía en algún momento de sus vidas… Ojo, que esto antes que un predictor de nuestro posible éxito social y económico, es más bien respecto a la longevidad de la relación entre filósofos y filósofas con la política.

Antes de seguir, no quería dejar de mencionar otro caso, el que aparece en el documental del 2003 I Love Pinochet —o en el disco de Salvaje Decibel del 2007—, en donde un instructor militar le dice a los pelaos:

Bueno…el filósofo dice, que la mayor expresión de libertad es la obediencia. Desde ese punto de vista, no hay nadie más libre que el soldado, porque él eligió esto: defender a su patria. Y como él eligió, ha contraído un compromiso. Y ese compromiso exige una respuesta… esa respuesta hecha acción es la que a los demás no les gusta, que es la de cumplir con su patria. Nos hemos comprometido a dar la vida por ella y cuando sea necesario ahí vamos a estar, y le haremos frente. ¿Más libre que nosotros quién? Nadie nos puede oprimir y decirnos que renunciemos a nuestro compromiso…por eso somos los más libres.

Tod-s somos filósof-s

Retomemos para finalizar la idea de la crítica despiadada a todo lo existente. ¿Cuáles son las últimas consecuencias? Y aquí quizá la apuesta pragmatista sale un poco más a flote: pues que las ideas no están en otro mundo, sino que acá. Y surgen concretamente en la práctica humana. Peirce formuló una máxima denominada “máxima pragmática”. Para comprender cuál es la concepción que se tiene de un objeto, hay que considerar cuáles son los efectos “que puedan tener concebiblemente repercusiones prácticas” de esa concepción. La concepción de esos efectos sería la totalidad de la concepción del objeto. Podría decirse que, de ver como se desenvuelven tales o cuales ideas, principios, etc. En la realidad social, es que podremos identificar lo que realmente es. Por ejemplo, la promesa liberal de la representatividad parlamentaria, una vez que comprobamos sus efectos, nos encontramos que genera una escisión insalvable entre las clases subalternas y su capacidad de determinar la organización de la sociedad civil… o la “gratuidad” mentada por el gobierno vs. las demandas históricas: al estar parcelada respecto del fortalecimiento de la educación pública, básicamente entendemos cualquier cosa, como quitarle la carga al bolsillo de las familias (como sea). Esa es una forma de abarcarlo.
Pero también hay otra y tiene que ver con cómo las y los intelectuales pueden jugar (y juegan) un rol importante en el orden social. Antonio Gramsci puso especial énfasis en los asuntos de la cultura, sin que fuese subordinada a los asuntos económicos o políticos. Es más, el frente cultural aparece como necesario al lado de estos: para que la clase dominante pueda dominar, no basta solamente con el poder coercitivo. Cuando la capacidad de dominación por consenso desaparece y únicamente queda la “pura fuerza coercitiva” entonces estamos frente a una “crisis de autoridad”.

En otras palabras, no basta con la pura concepción reducida de un Estado que, mediante el monopolio de la violencia legítima, mantiene subordinadas a las clases subalternas. Más aun considerando la expansión del parlamentarismo y el perfeccionamiento de la democracia burguesa: de ser de otro modo, podríamos decir que la dictadura cívico-militar podría haberse extendido indefinidamente. Y no es que la dictadura haya sido vencida con un lápiz y papel, sino que los factores que están en juego incluyen a la sociedad civil consensuando su propia dominación. En simple: ¿por qué seguimos pagando pasaje en el transporte y no simplemente dejamos de hacerlo? ¿por qué no simplemente dejamos de ir a trabajar un día y ya? No hay respuesta simple. Pero lo que queda claro, es que la que sea incluirá una serie de factores que no se reducen a un solo factor, y deberá ineludiblemente enfrentarse al problema de la inexistencia de acción colectiva.

Hace poco tuve que discutir con una dirección de escuela de posgrado (de una facultad que se dice crítica, de una universidad que se precia de ser pública) dado a que estaban aplicando los criterios de focalización del pase escolar… para quienes no sabían, se aplica en varios lados que, de tener un ingreso mayor a $560 mil pesos y ningún tipo de beca, entonces no se tiene derecho a este. En un momento de la discusión me veo obligado a decirle “¿usted sabe acaso cuánto cuesta el transporte público y está al tanto de la desvalorización del trabajo?” (se supone, en esa facultad se estudian esas cosas) a lo que ella responde que sí, que lo sabe, y que una persona adulta es quien acepta tales condiciones… ¡y que incluso pagan aranceles millonarios! ¡¿cómo no van a poder pagar?! ¡Si incluso muchos, al ser ya graduados, ganan sueldos muy por encima de los $560 mil pesos!… ¿qué clase de universidad pública es esta?

La ideología dominante hoy por hoy es básicamente la del exitismo, una meritocracia criolla establecida mediante la falsa promesa de la movilidad social: habiendo el mercado democratizado la educación mediante ponerle fin a la universidad elitaria, el acceso a mejores condiciones laborales está a la vuelta de la esquina… pero para usted. Para quien se esfuerce, estudie, y luego salga a trabajar. ¿Qué acción colectiva necesaria? De ahí a los lugares comunes del tipo “los pobres son flojos” y la eterna apelación a la casuística: ¡pero si yo conocí a …!

Sin embargo, cuando la separación de las clases subalternas respecto de la ideología dominante es lo que genera una crisis de autoridad. Pero ¿cómo se sostiene todo esto? Nos vemos frente a una situación extraña: ¿la ideología es la que enseñan en las universidades? ¿está en los textos? Pero ¿cómo actúan como predice tal o cual ideología (por ejemplo, el neoliberalismo) las personas? Aquella directora de escuela de posgrado, convencida de lo público de su Universidad, actuó tan neoliberalmente como cuando organizaciones, convencidas de su carácter de izquierda, defienden AFP estatales, financiamiento a las instituciones vía voucher, etcétera. Esta aparente coordinación espontánea de intereses de individuos pareciera ser que responde a una forma común de entender las cosas.

Todos somos intelectuales, decía Gramsci. Y es que justamente nuestros juicios y creencias, nuestros valores y capacidad de dotar de sentido las cosas, termina por constituir una cosmovisión. En cierto sentido, aquellas cosas que parecieran ser propias de la filosofía, como las mencionadas, no están restringidas a la disciplina misma: no es como que se junten los mejores filósofos a consensuar cuál es la metafísica adecuada a inculcar en las mentes de las personas (el sueño de la tecnocracia). Es propio de nuestras facultades el realizar esto, así como la capacidad de comunicarnos abstractamente e intervenir en la sociedad. Sin embargo, somos las y los intelectuales quienes tenemos un compromiso con expresarlo públicamente…

Entonces ¿de dónde la cosmovisión si no todas las personas cumplen la función de ser y formarse como intelectuales siendo que esta no es innata? “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho, en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante” decía Marx en La Ideología Alemana y creo que hecha luz al problema del consenso generado: las ideas dominantes se propagan mediante la producción cultural, mediante los medios de producción de conocimiento en general.

Y es allí justamente en donde podemos jugar nuestro rol. Allí es donde, dentro de la ubicación que tenemos dentro de la producción de conocimiento que la filosofía, o más bien filósofas y filósofos, podemos jugar un rol clave: la crítica despiadada a todo lo existente, llevar hasta las últimas consecuencias qué es lo que significa cualquier cosa. Machacar y estrujar los conceptos y todo lo que sea que esté establecido, para así ir develando qué es lo que realmente se esconde tras las falsas promesas y ventas de humo que se instalan en la sociedad… tanto por acción como omisión nuestra.

Gracias.

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