La era post-académica que viene, por Bharath Vallabha

Hay dos usos muy diferentes de la riqueza. Un uso es como medio para mostrar que uno está teniendo éxito en el espacio del mercado; así es como la riqueza es exhibida en Berverlly Hills o Las Vegas. El otro modo es usar la riqueza como un escudo de protección del espacio del mercado, para que así la riqueza misma funcione como un modo de mantener alejado los sentimientos de las fuerzas capitalistas; este es el punto de la riqueza en los pueblos universitarios que viven con más desahogo tales como Cambridge y Berkeley.

Estaba consciente de este segundo uso mientras que estaba caminando al rededor del campus de Princeton ayer. Tan pronto como estaba en el campus, podía sentir esa sensación distintiva que uno tiene en una universidad rica. La sentía mientras caminaba al rededor del recinto, captando la bella arquitectura y el aire sereno de una vida de la mente. ¿Pero qué estaba capturando esta sensación exactamente? Primero, no estaba seguro; tan sólo caminaba captándola, intentando entenderla.

Luego se me ocurrió: es la sensación de pertenencia a una comunidad, en donde la gente está unida por algo más que otra cosa que el mercado y el consumismo. La sensación que describí en un post anterior que tuve en la cena cerca de mi casa, la sensación de que en esa cena mi relación con las otras personas a mi alrededor estaba mediada por el hecho de que todos éramos consumidores – esa sensación no estaba presente caminando por Princenton. En cambio, había una sensación de que yo estaba unido a la gente a mi alrededor en Princeton, pero lo que nos unía no era el capitalismo, sino más bien el reino de las ideas, y un sentido claro y nítido de nuestros valores compartidos en un robusto sentido Humanista. Sentía un parentesco con extraños en las calles, como si nuestro amor compartido por las ideas y la vida intelectual fuese un vínculo que nos unía en el modo más profundo posible, más profundo incluso que el que yo tenía con mi familia.

Sí, esta sensación es la que yo he periódicamente extrañado luego de haber dejado la academia. Caminar a un campus es como volver a un hogar de la infancia, llenado con el significado de la nostalgia y de la comunidad.

Mientras más rico el colegio, más se encuentra esta sensación. Y es que la riqueza de la universidad posibilita un sentido más profundo de una barrera entre el ambiente universitario y de las fuerzas del mercado del mundo cotidiano. A pesar de que Beverly Hills y Princeton tengan una opulencia similar, existe esta gran diferencia: la riqueza en Beverly Hills lo hace a uno sentir como que ha llegado al núcleo del capitalismo, mientras que la riqueza en Princetone lo hace a uno sentir como que se le ha otorgado un indulto del capitalismo, como si uno hubiese entrado en un universo alternativo en donde la gente no está unida por la línea inferior del dolar, sino que por los valores más altos de nuestra vida humana.

Luego de caminar por el campus un rato, me di cuenta que no obstante esto no era diferente de mi experiencia en la cena. En la cena compré una sensación de camaradería con mis compañeros seres humanos a través de que éramos clientes. En un campus universitario uno gasta mucho más dinero para comprar la sensación de que se puede relacionar con otros independiente del capitalismo. No es que esto sea realmente verdadero: al contrario de como uno pueda sentirse, el campus universitario no está mágicamente libre del mismísimo capitalismo el cual está obviamente a una cuadra afuera del campus. Pero sea maldecida la realidad, es la sensación de tal independencia del capitalismo la que es tan cautivante y adictiva. Incluso como un visitante, uno se deleita con la riqueza que Princeton tiene, como si la riqueza misma fuese un tipo de riqueza no capitalista, algo que es obtenido desde arriba como un tesoro en vez de, en una tienda tal como Sachs Fifth Avenue, mera riqueza obtenida en medio de nuestro demasiado común mundo.

Rumiando estos pensamientos mientras caminaba alrededor del campus, en un cierto punto la ilusión colapsó. En lo que me deleitaba era la mera sensación de comunidad, una realidad virtual. Entrar al campus fue como entrar a un portal que me dio la sensación de que aquí la paz en la tierra se realizaba; que aquí hay un espacio en donde las personas del planeta son unidas. La sensación es vívida, y si uno se queda sólo en el espacio del campus de alba a ocaso, todos los días, entonces uno podría creer que la sensación sigue a la realidad, como si esta sensación en el campus estuviese lentamente, pero de manera segura, esparciéndose a través del mundo y uniendo a todos juntos.

Pero el hecho de que esta sensación tenga que ser comprada por la riqueza de la universidad misma muestra que la sensación es ilusoria. Puesto que la sensación se pierde tan pronto como uno se aleja del campus y uno está en una tienda de abarrotes o incluso en un mall a una milla del campus.

Mientras que el capitalismo eviscera un sentido de comunidad robusto en la esfera pública diaria, las universidades tienen que gastar más dinero para mantener esa barrera que hace parecer como si el capitalismo ha sido mantenido afuera de las puertas del campus. Pero, irónicamente, mientras más riqueza de las universidades son utilizadas para hacer parecer como si la academia estuviese situada aparte de la sociedad cotidiana, más el sentido de comunidad compartido actual entre academia y sociedad cotidiana decrece. La misma riqueza que es utilizada para mantener la sensación de una verdadera comunidad – el corazón de la sociedad – últimamente vuelve esa sensación tal sólo una sensación. Y entonces la burbuja comienza a formarse.

La burbuja explotará eventualmente. Partiendo de ser un estudiante de posgrado en Harvard pasando por ser un profesor en Bryn Mawr, podía sentir que algo estaba fuera de lugar. Byrn Mawr tiene bastante dinero según la mayoría de los estándares, pero no está financieramente en la misma liga que Harvard o Penn o Swarthmore. Era genial sentir que se era parte de la comunidad del campus de Bryn Mawr, pero habiendo estado tan sólo en Cornell y Harvard antes de ese entonces, tenía la sensación de que algo era diferente. Pero no podía en ese entonces indicarlo. Ahora me doy cuenta de que la diferencia era que Bryn Mawr no estaba tan financieramente bien como lo había estado, y eso lo hacía parecer más como que las fuerzas del mercado habían entrado al campus y estaban amenazando este sentido de comunidad etérea. Bryn Mawr aún así tenía una arquitectura exterior que la hacía parecerse a Oxford o Yale, pero financieramente, como la mayoría de las universidades ahora, estaba en una situación más precaria.

Ahora sólo las universidades ultra ricas pueden costearse la creación de una sensación en un campus de una comunidad de artes liberales situada aparte del capitalismo. Esto significa que un Harvard o un Princeton o un Stanford están entrando con un aire más y más rarificado, que como una comunidad las sitúa alejadas no sólo respecto de la mayoría de nuestra sociedad cotidiana, sino que incluso de la mayoría de las universidades.

Cuando las universidades europeas comenzaron en la Edad Media, había una sensación real compartida de comunidad entre la universidad y la sociedad. Esto se posibilitaba por la Iglesia, la cual era la fuerza comuna dominante y global de la sociedad. Luego cuando el laicismo emergía, la Iglesia y no podía jugar más ese rol unifiador principal en la sociedad. Esa tarea fue transferida a la universidad.

En América, la Iglesia jugó el rol de rol unificador en la sociedad incluso tan tarde como a mediados del siglo XIX, cuando la educación de las artes liberales de las universidades era una forma inseparable de cultivar ciudadanos como los comprendía el cristianismo de la comunidad Con los cambios económicos luego de la guerra civil y el ascenso de la universidad de investigación moderna, esto se quebró, y las universidades mismas se volvieron las fuerzas centrales para la comunidad con la sociedad capitalista.

Ahora, unos 150 años después, cuando el capitalismo se ha vuelto la estructura misma de nuestra sociedad, es borroso cuál es en la sociedad la fuerza comunal unificadora compartida. Mientras que la academia misma se vuelve más y más una parte del capitalismo, no puede jugar el mismo rol comunal que jugaba en las etapas anteriores del capitalismo. De ahí la preocupación de que sólo en las universidades ultra ricas las cuales puedan proveer una educación de artes liberales en el sentido clásico de algo situado aparte de las preocupaciones de como uno tiene que ganarse la vida. La burbuja crece cada vez más grande y más grande en la medida en que las universidades ricas se vuelven más ricas y más ricas, y mientras ellas usen la riqueza para alentar más la sensación de que sus campus se mantienen como focos de una comunidad situada aparte de las fuerzas del mercado. De este modo, la sensación de fomento a la comunidad se vuelve más y más estrechamente definida, y asequible a menos y menos personas – la misma esencia de una comunidad compartida en la sociedad más amplia como un todo.

¿Entonces qué sucede ahora? Si la no academia está completamente capturada por el capitalismo, y si la academia sólo puede alentar esta sensación ilusoria de una comunidad compartida con el resto de la sociedad, ¿qué posibilidad hay ahora para un sentido profundo de comunidad en la sociedad? ¿hay esperanza?.

Como dice la línea de “Jurassic Park”, “La vida encuentra un camino”. La comunidad no es simplemente un asunto de aferrarse a al comunidad del pasado. Es principalmente un asunto de lo que nos pueda unir yendo hacia el futuro. La comunidad ese esencialmente mirar hacia al frente.

La Ilustración fue un tiempo en el que la organización social cambió de tal modo que la Era de la Iglesia dio paso a la Era Académica. En ese periodo, los mecanismos por los cuales una sensación de comunidad compartida en la sociedad como un todo era alentada transicionada de aquella de la iglesia hacia aquella de la academia. Estamos en el medio de un cambio similar de la Era Académica a la Era no-Académica.

La sociedad se ha vuelto mucho más compleja que lo que era hace cuatrocientos años atrás, en el alba de la Era Académica, esa academia ya no puede jugar el rol unificador y comunal en la sociedad como un todo. Nuevas estructuras tienen que construirse para estos nuevos tiempos. Últimamente, esto es lo que la riqueza de los colegios más ricos esconden: la riqueza cubre las grietas en los cimientos, y da la sensación de que en medio de los cuadrángulos verdes y de murallas de color marfil uno aún puede encontrar la fuerza básica y comunal de nuestros tiempos. Pero lo que más puede comprar la riqueza es un par de décadas antes que las grietas en los cimientos se vuelvan demasiado grandes como para esconderlas.

[Traducido libremente y con permiso del autor por Alfonso Pizarro Ramírez. Original disponible en: http://insearchofanideal.com/2015/06/30/the-coming-post-academic-age/ ]

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