El problema de Frege y el preámbulo a principios de las ciencias cognitivas

Este es un documento que escribí siendo ayudante para el curso de segundo semestre 2016, ‘Psicolingüística’ del departamento de lingüística de la Universidad de Chile, impartido por Guillermo Soto y Felipe Hasler

Psicolingüística (dpto. de Lingüística)

Alfonso Pizarro Ramírez (alfonso.pizarro.r@gmail.com)

Septiembre 2016

Frege (1892/1998) inicia Sobre sentido y referencia explicando que su aproximación a la identidad no es relacionar directamente las letras (o números), más bien los términos:

𝑎 = 𝑏

Se considera como que ‘a’ y ‘b’ son co-referentes. Es decir, refieren a lo mismo. Si bien la fórmula no expresa conocimiento, pero sí es conocimiento sobre las palabras y no sobre el mundo. Las afirmaciones de identidad son lingüísticamente informativas. Considérese, por ejemplo

(1) JGM es Juan Gómez Millas

(2) ‘JGM’ y ‘Juan Gómez Millas’ co-refieren

(3) El lucero de la mañana es el lucero del alba

Si bien (1) no nos informa nada sobre Juan Gómez Millas, es verdadera y lingüísticamente informativa y nos entrega (2). En contraste con estas, el ejemplo de Frege, (3) nos da información sobre el lucero de la mañana.

Este es el problema del significado cognitivo: los enunciados de identidad son informativos no por la referencia, sino que por el sentido. El sentido de una oración es una proposición (“pensamiento” en palabras de Frege). Es decir, una oración con sentido expresa una proposición. En El Pensamiento (1918/1998) es enfático en distinguir el que una proposición sea verdadera, de considerarla verdadera. Esto último es psicológico, lo primero debe ser público, objetivo y aprehensible por cualquier ser racional.

Sin embargo, el lenguaje está plagado de oraciones gramaticalmente incompletas, ambigüedades, vaguedades, etc. Nuestros enunciados no reflejan la forma lógica de manera directa, es necesario un proceso de inferencia para llegar a esta. Por ejemplo, no siempre se respetan las reglas de composición: que la semántica del todo sea una función de sus partes constituyentes. Es decir, la semántica se obtiene con un léxico más las reglas de composición, sin embargo, esto no siempre se respeta cuando nos comunicamos (¡pensamientos!). Por lo tanto, un estudio científico exige la creación de un lenguaje artificial, formal, que sea explícito respecto a su contenido y respete las reglas de composición.

Una proposición consta de una función y un argumento. Así como en la matemática

𝑓(𝑥) = 𝑦

En donde ‘x’ es el argumento e ‘y’ es el valor, en cualquier oración con sentido, es decir, que exprese una proposición, tenemos

𝐶(𝑜) = 𝑉𝑉

En donde ‘C’ es un concepto y ‘o’ es un objeto, e.g.

(4) La nieve es blanca

Si el objeto satisface la descripción de C, entonces la oración obtiene un valor de verdad (VV) (verdadero o falso), es decir, expresa una proposición. En el caso de (4) se diría que “la nieve es blanca” si, y sólo si la nieve es blanca.

Una de las consecuencias de este tipo de análisis es que las proposiciones son captadas por hablantes competentes, pero no son representadas en el sentido psicológico. La comunicación consiste en provocar que la contraparte capte la misma proposición. El lenguaje natural satisface funciones cotidianas, como la comunicación, pero no es representativo de procesos cognitivos de manipulación de proposiciones. Si bien todo pensamiento debe poder ser puesto en una oración, la gramática del pensamiento (la lógica) no coincide con nuestra gramática.

Referencias

Frege, G. (1998). El pensamiento: una investigación lógica. In L. M. Valdés Villanueva (Ed.), Filosofía y Ensayo. Ensayos de semántica y filosofía de la lógica (pp. 196–225). Madrid: Tecnos (Original work published 1918).

Frege, G. (2008). On Sense and Nominatum. In A. Martinich (Ed.), The philosophy of language (5th ed., pp. 217–229). New York, N.Y., Oxford: Oxford University Press (Original work published 1892).

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