Lenguaje Distribuido

Introducción de Distributed Language por Stephen Cowley

Resumen

Considerando al lenguaje como una coordinación a escala múltiple, la perspectiva distribuida cuestiona dos ortodoxias dominantes. Primero, niega que el lenguaje sea esencialmente ‘simbólico’ y, segundo, que los patrones verbales estén representados dentro de nuestras mentes (o cerebros). Más bien, el lenguaje es, al mismo tiempo, colectivo, individual y constitutivo de nuestro modo del sentimiento de pensar. Está distribuido entre nosotros. En una ilustración, en los capítulos de apertura reportan trabajo empírico en las dinámicas anticipadoras de la lectura, sus consecuencias cognitivas, teatro shakesperiano, lo que las imágenes evocan y resolución de problemas de introspección. Habiendo dado razones para considerar este desafío a la autonomía lingüística, la colección concluye con artículos teóricos. Primero, se argumenta que el lenguaje depende de una forma específica de cognición semiótica de la especie. Segundo, se sugiere que la realización de los valores es una función central del lenguaje. Tercero, como con toda actividad social, es rastreada a como los símbolos culturales y biológicos co-regulan las dinámicas humanas. Finalmente, Steffensen (en este volumen) argumenta, más allá de estar centrado en el organismo, que el lenguaje nos da acceso a una ecología extendida en la cual, a través de la co-ordinación, enactuamos nuestra historia.

  1. Más allá del procesamiento de símbolos

Las visiones computacionales de la mente invocan un sistema que funciona sintácticamente y, por esa razón, sin referencia a la vida humana. Hoy, sin embargo, el estudio de la cognición se esté alejando de tales modelos. Los seres humanos vivos no sólo dependen de símbolos, sino que también de interacciones que nos sensibilizan entre nosotros y nuestras prácticas culturales. Este lugar común cobró nueva vida cuando Hutchins (1994a, 1995b) usó modelos cognitivos para examinar como navegamos barcos y aterrizamos aviones. Mostró que artefactos culturalmente específicos y narrativas sirven en la propagación de representaciones en un dominio público. La cognición es cultural y corporizada: mientras que mucho ocurre en el cerebro, los eventos surgen mientras que las personas interactúan tanto entre ellas como con el mundo. Mientras que ahora es la principal en la ciencia cognitiva, Distributed Language muestra sus implicaciones radicales para el lenguaje. Dado a que los humanos no necesitan artefactos para corporizar pensamientos, el lenguaje es fundamentalmente dinámico. Los patrones verbales constriñen los movimientos corporales y la sensación de pensar como las personas co-ordinan el flujo de la actividad. La perspectiva así cuestiona las teorías que privilegian la forma lingüística y/o la función. La co-ordinación se vuelve un medio para corporizar pensamientos: el lenguaje es, al mismo tiempo, ecológico, dialógico y no local.

  1. La perspectiva distribuida

El lenguaje puede ser rastreado a como cuerpos vivos se co-ordinan con el mundo. En esta perspectiva, lejos de ser un ‘sistema’ sincrónico, el lenguaje es un modo de organización que funciona a través de vincular personas entre ellas, con recursos externos y tradiciones culturales. Concertamos el habla, pensar, la gesticulación y la acción en modos específicos a la especie. El lenguaje surge mientras que le damos voz a redacciones, gesticulamos, imaginamos y tratamos con objetos e instituciones. Es una actividad que totalmente corporizada que da forma a la dotación de sentido [sense-making] y, una vez que la habilidad se desarrolla, permite a los textos e instituciones enriquecer lo que nosotros pensamos y hacemos. En vez de ver el lenguaje como un *objeto*, vivimos en una *malla* (Steffensen, Thibault y Cowley, 2010; Thibault, en prensa) cuya dinámica fusiona eventos que hace uso de muchas escalas temporales. La experiencia lingüística altera quienes nos volvemos en tanto nos orientamos a otros (que nos orientan a nosotros). Tal cm yo me co-ordino con mi lector imaginario, tú haces uso de tus expectativas, escudriñas lo que está frente a tus ojos, evocas memorias y, quizá, ves prospectos futuros. Incluso en la lectura, la actividad del lenguaje conecta al ojo y los movimientos de la cabeza con inscripciones y redacciones. Para aquellos preocupados con los resultados, podemos preguntar qué es lo que ocurre mientras creamos y construimos el lenguaje y, generalmente, administramos la acción humana. El lenguaje vincula el aquí-y-ahora con aquello que ha sido y, crucialmente, está por venir. Es así como entonces está más allá de la disputa que, en este sentido, el lenguaje es un fenómeno distribuido.

A pesar de que los lenguajes y sus partes constriñan la creación de sentido [sense-making], los humanos también dependen de entrelazar gesticulaciones, voces y artefactos. Cuando las ciencias del lenguaje se concentran en estas dinámicas a escalas múltiples [multi-scale], descubren una alternativa a la postulación a priori de significantes lingüísticos [linguistic signifiers] (o sistemas de lenguaje [language-systems]. Antes de volverse a la dinámica, brevemente esquematizo las dificultades que surgen de situar a los símbolos (o palabras) primero. Sobre todo, estas son abstracciones que [unzip] el lenguaje de la actividad corporizada. Combinan actos de proferencia (movimientos) con descripciones de resultados (como patrones verbales). No sólo esto enmascara la interdependencia de voces, gesticulaciones y artefactos, sino que también los lenguajes se vuelven ‘sistemas’ descorporizados. Se vuelven reificados en términos de constituyentes como letras [letter-like], unidades más grandes y formas lingüísticas. A pesar de tener valor la caracterización de los significados, palabras y gramáticas, apelar a abstracciones no puede clarificar el comportamiento humano. Simplemente, lo que hacemos y decimos -como corporizamos los pensamientos -es una actividad cultural. Prioridad a los símbolos [Symbol-first] o aproximaciones descorporizadas pasan por alto  la actividad, y su lugar, ofreciendo explicaciones sobre el organismo (o sus partes). En vez de rastrear las habilidades a la experiencias, estas son adscritas al funcionamiento o mentes, cerebros discurso o, quizá, conocimiento de las convenciones sociales. Apelar a sistemas de lenguaje [language-systems] excluye dinámicas en tiempo real a través de invocar cerebros o mentes que hacen, construyen o administran los tipos de proferencia [utterance-types] que se dice que son generadas o producidas por un sólo organismo. Para Saussure, las regularidades son ‘impuestas antes que libremente escogidas’; formas y/o funciones obtienen de una herencia de la cual ‘no tenemos opción sino aceptarlas’ (Saussure, 1983: 71). Desde una perspectiva descorporizada, los signos lingüísticos son dados por adelantado y el lenguajeo humano [human languaging] se reduce a como ‘sistemas’ manipulan patrones verbales. En el movimiento del lenguaje distribuido, por contraste, rechazamos las visiones del lenguaje de prioridad a los símbolos [symbol-first views of language].

  1. El Movimiento del Lenguaje Distribuido: Prehistoria

El lenguaje puede ser rastreado a dinámicas de múltiples dimensiones [multi-scalar dynamics] que se difunden a través de grupos, artefactos y escalas de tiempo [time-scales]. La perspectiva emergió por medio de la vinculación integrativa de críticos de la lingüística (Harris, 1981; Spurrett, 2004), con la cognición distribuida (ver, Hutchins, 1995a; Hollan, Hutchins y Kirsh, 2000; Giere, 2004). La movida dejó claro que los desafíos a la visión codificada del lenguaje eran paralelas a aquellas montadas sobre las visiones simbólicas de la mente (ver, Love, 2004; Kravchenko, 2007; Cowley, 2007a). Así como la cognición humana, el lenguaje está corporizado, incrustado [embedded] y es intrínseco a un mundo cultural. En los términos de Love (2004), la actividad de primer orden [first-order activity] (e.g. hablar y escuchar) puede ser percibida, descrita e interpretada como patrones verbales o constructos culturales de segundo orden [second-order cultural constructs]. Desde esta visión, aprender a hablar depende de cuerpos humanos que enactúan comportamiento intersubjetivo (Trevarthen, 1979). Contextualizar los cuerpos nos impulsan a vocalizar, involucrarnos con otros y, eventualmente, actuar en consonancia con las constricciones que son percibidas como patrones verbales (Cowley, 2004). Aprendemos a actuar y, cuando nos conviene, a enmarcar mensajes explícitos. Esto, sin embargo, depende de una forma de control basado en escuchar proferencias como ejemplares de patrones verbales. Por medio de hacer esto o de tomar una postura de lenguaje [taking a language stance] (Cowley, en prensa), desarrollamos habilidades basadas en usos cuidados de redacciones. Esto contrasta con el lenguaje espontaneo que surge en tanto nos involucramos con personas, cosas e incluso nuestros propios pensamientos. Todas las veces, sin embargo, *señalización digital* (Ross, 2004) es co-ordenada con expresiones corporales y prosodia. En esta actividad de proferencia resultante, expresiones vocales y no verbales son integradas por cuerpos que ajustan a eventos en un mundo cultural. Tal como Ross (2007) argumenta, siguiendo a Dennett (1991), podemos narrarnos a nosotros mismos a devenir. Agentes biológicos reorganizan como *personas* que integran eventos (de variados tipos) con estructuras basadas en ontogénesis, aprendizaje, historia, y fenotipos humanos. Para perseguir vínculos recíprocos entre lenguaje y humanidad, un grupo de académicos se puso la meta de transformar las ciencias del lenguaje. Fundamos el Grupo de Lenguaje Distribuido [DLG por sus siglas en inglés] cuya primera junta ocurrió en Sídney Sussex College que dio origen a artículos (ver, Cowley, 2007b) que informan del actual énfasis en dinámicas. Sin embargo, antes de volver su complejidad a múltiples dimensiones, esquematizo como es que el lenguaje es ecológico, dialógico y no local.

  1. Lenguaje: ecológico, dialógico y no local.

Mientras que las visiones descorporizadas ubican el lenguaje ya sea en la mente o en la sociedad, la perspectiva distribuida trata el lenguaje como parte de la ecología. Este surge como eventos sociales vincula cuerpos con el ambiente físico y tradiciones culturales. El lenguaje es por tanto ni localizado dentro de la persona (o un cuerpo) ni una propiedad del ambiente. Esta perspectiva ecológica desafía a todos los modelos centrados en el organismo [organism-centred models]. Afirma que, “en cualquier sentido funcional del organismo y ambiente son inseparables y forman un sólo sistema unitario” (Järvilehto, 1998:329). En vez de separar lenguaje de artefactos y acciones, una historia de co-ordinación corporal nos da las habilidades necesarias. En la medida en que vamos por nuestras vidas encontramos identidades [selves] y otros cuyas vidas están profundamente afectadas por los recursos lingüísticos. El lenguaje es una actividad en la cual las redacciones tienen una parte [activity in which wordings play a part]. Esta definición de paraguas nos permite conectar conceptos que incluyen ‘lenguajeo’ (Maturana, 1988; Kravchenko, 2006), ‘actividad de proferencia’ (Cowley, 1994, 2009b; Thibautl, en prensa), ‘lenguaje de primer orden’ (Love, 2004), ‘diálogo’ (Linell, 2009), ‘coloquio’ (Jennings y Thompson, en prensa) y ‘uso de lenguaje incrustado, corporizado’ (Fowler, 2010).

Negando que los individuos producen y procesan tipos de proferencias, la co-ordinación está rastreada al uso de recursos ecológicos. Mientras nos involucramos con el lenguaje, soñamos, pensamos, hablamos y usamos textos, teléfonos, computadores y así sucesivamente. En reconocer esta diversidad, el estudio del lenguaje se vuelve ecológico (ver, Hodges, 2007; Hoges y Fowler, 2010; Thibault, en prensa; Cowley, en prensa). Más específicamente, el énfasis cae en qué resultados se obtienen de actividad continúa por Sistemas Ambiente-Organismo [Organism-Environment Systems] (ver, Järvilehto, 1998; 2009). En esta visión, los conceptos de *lenguaje, acción* y *percepción* todos pueden describir los mismos eventos. Leer, por ejemplo, es percibir y, necesariamente, activamente construir qué es lo que uno ve. En el diálogo, mientras hablamos, las dinámicas de las voces dan forma a la escucha, sentir [feeling] y pensar. Incluso la escritura depende del monitoreo de los resultados de movimientos tanto en tiempo real como mediante la edición. Como parte de la acción y, dada la imaginación (y consciencia), el lenguaje se vuelve parte del pensamiento silencioso: gradualmente se insinúa en la percepción como gesticulaciones que están conectadas tanto por redacciones como por nuestros modos de vida. La actividad de proferir [utterance-activity] surge mientras hacemos y rastreamos gesticulaciones fonéticas (Fowler, 2010) que nos impulsan a escuchar tipos de proferencia. Usando diferentes escalas de tiempo, la memoria lingüística rica evoca la experiencia (Port, 2010) que da a redacciones un sentido en particular. Los tipos de proferencia que reportamos (o transcribimos) también co-ordenan dinámicas de voces. La actividad dialógica está constreñida por gesticulaciones fonéticas que nos impulsan a escuchar redacciones [wordings] y, a ratos, atender a estructuras verbales: el lenguaje [languaging] surge como una gesticulación fonética que está co-ordenada con otra actividad neuromuscular. Hablaos, experimentamos identidades [selves], encontramos otros y enriquecemos la sensación de pensar [the feeling of thinking] (Harnad, 2006). Desde una perspectiva ecológica, esto no es ni interno del organismo, ni centrado en el organismo [organism-centred]: las sensaciones contribuyen a un mundo común.

El lenguaje es también fundamentalmente dialógico. Mientras que su lado ecológico puede ser trasteado a través de la ciencia fonética, sus aspectos ‘digitales’ o verbales influencian profundamente nuestro sentido de identidad y experiencia de otros. En parte, somos como hablamos entre nosotros. Como Bakhtin (1981) y Mead (1932) vieron, la experiencia de hacer sentido insinúa una identidad dentro de como sentimos, actuamos y pensamos. Mientras esto emerge, descubrimos el entrecruzamiento o el traslapamiento de sentidos que son evocados por [wordings]. La semántica es dialógica y rica en connotaciones: si es que esto parece extraño, es por un sesgo al lenguaje escrito (Linell, 2005) que enmascara la orientación al otro [other orientation] (Linell, 2009) de la comunicación humana. Hablar es anticipar la respuesta de otro: vocalizar y mover conducen a la conducta adaptable, flexible. Aunque inseparable de la cognición, el lenguaje une a la acción social, patrón verbal, significado y, crucialmente, la comprensión en tiempo real. Además, el cerebro se organiza a sí mismo como la co-ordinación social nos impulsa a individuar. Aprendiendo a conversar, hablamos, monitoreamos lo que se dice, lo dicho, y las manifestaciones de expectativas. Las contingencias en nuestras vidas nos llevan al florecimiento del lenguaje. Para dar sentido a estas complejidades, entrelazamos diálogo con acciones y, por lo tanto, damos expresiones de poder y experiencia de relaciones.

Esto puede parecer desconcertante: ¿cómo puede un énfasis en relaciones organismo-ambiente estar vinculado a [wordings] y eventos dialógicos de la vida social? ¿Cómo puede el lenguaje enactuar control, sensación y pensamiento expresivo, e impulsarnos a escuchar a la gente decir algo? Tomando un punto de vista fenomenológico, Linell (2009) enfatiza las situaciones mientras que reconoce que la expresión evoca tradiciones, voces y circunstancias permanentemente cambiantes. Así, mientras que está situado, el lenguaje ejemplifica dialogicalidad doble [double dialogicality] por medio de vincular los eventos vividos con material y, inseparablemente, fenómenos silenciosos o de ‘terceras partes’ (2009: 21). Linell hace eco de Bakhtin: “el mundo es un drama en el cual tres personajes participan (no es un dueto, sino que un trío)” (1986: xviii). Lejos de apelar a la significación/significado lingüístico o a una triada peirciana de signo/objeto/efecto, un mundo de normas sociales nos impulsa a orientarnos a otros ausentes. Integramos actividad, que escuchamos, y montones de expectativas sociales. Esto contribuye a lo que Goffman (1959) llama la ‘representación pública de la identidad’ por medios de, por ejemplo, el uso de regularidades interaccionales, géneros, registros, y variedades de lenguaje. El lenguaje está así basado ni en los cuerpos ni en la sociedad, sino que en el juego del diálogo. El desafío para el movimiento distribuido es el de reconciliar nuestras propensiones dialógicas con, primero, nuestra naturaleza cultural y, segundo, nuestra historia co-evolutiva.

El desafío de integrar escalas temporales demanda una ontología no local (Steffensen y Cowley, 2010). Por medio de la fonética, la fenomenología y sus productos, el lenguaje se vuelve una actividad medible que, extrañamente, es percibida alrededor de patrones históricamente basados. Su carácter simbiótico socava una división simple entre sujeto (el observador) y el objeto (lo observado). Estamos obligados a ser escépticos respecto a que eventos sociales, incluyendo los eventos lingüísticos, puedan ser rastreados a ‘causas’ localizadas o, en los términos de Whitehead (1926), de que puedan ser explicados a través de la suposición de la localización simple. Efectivamente, incluso los objetos tales como piedras existen en un estado de cambio -aunque sea lento el cambio es. Aunque mucho pueda decirse, una visión cautelosa destaca la función biológica. Los sistemas vivientes no ‘ocupan’ espacio-tiempo porque, entre otras cosas, sus estructuras genéticas duran más que los fenotipos. Incluso observaciones humanas simples y acciones vinculan el desarrollo evolucionario y la historia colectiva. Explicaciones de un lenguaje en tiempo real no puede ignorar “regiones del espacio-tiempo” no locales) Whitehead 1926: 62). Dado que los estados lingüísticos o procesos no ‘ocupan’ una zona determinada en el espacio-tiempo, Steffensen y Cowley (2010) proponen un *principio de no localidad*. Las dinámicas cognitivas evocan [wordings] (no locales): el lenguaje es al mismo tiempo una actividad de primer orden medible y una organización que mantiene tradiciones. Es al mismo tiempo dinámica y simbólica o, en corto, un modo *simbiótico* de comunicación. Aunque algunos rastrean esta dualidad a nuestro uso de estructuras virtuales (Cowley, 2007, Love, 2007) otros enfatizan que las dinámicas biológicas son resultado de constricciones físicas (Carr, 2007; Raczaszek-Leonardi y Kelso, 2008) [1]. Por medio de enactuar la actividad de proferencia, argumentan, hacemos uso [draw on] las estructuras físicas (en algún sentido por ser especificado). Mientras que el futuro de este debate es desconocido, la premisa subyacente es clara. Como sea que la no-localidad esté construida, el lenguaje vincula personas, actividad fonética, [wordings] e historia. Aunque ocurra ‘en’ el tiempo, no está completamente situada. La actividad está ‘mediada’ por patrones que hacen lenguaje, al mismo tiempo, un constructo fenomenológico y un producto biológico del cambio evolutivo (incluyendo la selección natural).

  1. Investigando el pegamento de la cognición

El DLG ve el lenguaje como ecológico, dialógico y no local. A pesar de que especificar esta postura es un paso hacia la transformación de las ciencias del lenguaje, es tan solo un comienzo. Haciendo un movimiento más, este volumen gira del énfasis de los símbolos a las dinámicas corporales. Cinco derivan de un taller de trabajo en las *Dynamics of Linguistic Material* en donde una serie de autores (Cowley, Kravchenko, Fioratou, Tylén, Van Heusden, y Raczaszek-Leonardi) escudriñaron la visión de que los símbolos materiales extienden la mente (Clark, 1998; 2008) [2]. Aunque las diferencias abundan, todos concurren en que las dinámicas al menos son tan importantes que los ‘símbolos’ (o dinámicas lentas) y, en términos ofrecidos por David Kirsh, que la co-ordinación es 0el pegamento de la cognición’ (Kirsh, 2006). Por medio de escudriñar la co-ordinación, una serie de artículos enfatizan en como los recursos históricamente derivados afectan la actividad del lenguaje. Primero, Järvilehto y sus colegas (en este volumen) muestran el rol crucial jugado por las dinámicas *anticipatorias* de leer en voz alta. Luego, volcándose al teatro, Tribble (en este volumen) explora que el lenguajeo [languaging] que ocurrió en el contexto histórico y material de Shakespeare. Luego, usando una psicología ecológica, Hodges (en este volumen) muestra como los valores humanos recurriendo a dinámicas lingüísticas. Finalmente, habiendo rastreado los símbolos materiales a la tradición gramatical, Steffensen (en este volumen) sugiere que una historia de la c-ordinación lingüística ha transformado a la ecología humana [3]. Los patrones verbales permiten a cuerpos vivientes usa la co-ordinación para conectarnos con otros, artefactos, pensamientos y acciones. Dado que el lenguaje es de múltiples dimensiones [multi-scalar], las sinapsis en el airea [airborne] localizan la actividad de proferir en la historia. El lenguaje hace uso de recursos colectivos que dan significado a acciones (y vidas) individuales.

Los autores dan un énfasis bastante diferente a los factores individuales, interaccionales y colectivos. Mientras que algunos enfatizan los constructos de segundo orden (patrones verbales9 otros destacan la actividad de primer orden. todos concurren, además, en que la experiencia humana surge mientras nos co-ordinamos con artefactos y entre nosotros. El significado literal es usualmente secundario incluso en la construcción y realización de textos escritos. Järvilehto et al. (En este volumen) demuestra que, al leer en voz alta, las personas generan significado y, utilizando la visión, ponen a prueba las expectativas en contraste a las inscripciones. Los patrones textuales están imbuidos con sentido mientras acoplamos dinámicas con la sensación de pensar. Dado que la co-ordinación nos permite proyectar el significado al texto mientras monitoreamos sus características físicas, esto ejemplifica como es que actuamos como Sistemas Orgánico-Ambientales [Organism-Environment Systems] (Järvilehto, 1998). En este mismo espíritu de la interdependencia cuerpo-mundo, Kravchenko (en este volumen) se vuelca sobre el cambio social en Rusia. Rechazando los modelos de prioridad al símbolo [symbol first] (o ‘código’) del lenguaje, él argumenta que, al cambiar los hábitos de lectura (y enseñanza), la gente educada están perdiendo habilidades inferenciales. Con el abandono del estudio intensivo de (sobre todo) textos literarios, la realización de inferencias [inference-making] va en decline. Aunque conjetural, el artículo enfatiza las diferencias entre leer y diálogo: la realidad social depende de la interacción entre estos *dominios cognitivos*. Leer, por ejemplo, nos da poderes cognitivos basados en la orientación de nosotros mismos como, entre otras cosas, observadores de lo que leemos.

Otros artículos se centran en como los artefactos influencian las dinámicas cognitivas. Usando un experimento de introspección, Fioratou y Cowley (en este volumen) contrastan soluciones entre versiones concretas y abstractas de una tarea. Ellos encuentran, primero, que usando artefactos la tarea se vuelve más fácil. Segundo, ellos argumentan, que esto es debido a que contribuyen al funcionamiento del sistema cognitivo distribuido (ver, Hollan et al. 2000) sin estar ser intrínsecamente *cognitivos* (cf., Giere, 2004). Es suficiente que las partes humanas del sistema funcional se co-ordine con objetos tales que, dada la ocasión, la introspección surja. Por analogía, es a través del involucramiento activo con documentos, programas, libros y tallados que ‘cobran vida’. Mientras que la acción humana de hacer sentido está constreñida por objetos y/o palabreos [wordings]. Notablemente, Tylén et al. (En este volumen) aplican una lógica similar a los objetos visuales. Empleando estudios de IRMf en como los cerebros se activan cuando los participantes del experimento observan imágenes que muestran variados órdenes de objetos de todos los días (e.g. sillas), ellos mapean sus descubrimientos a reportes verbales. Al comparar descripciones de imágenes de ‘señal’ [‘signal’ images] con unas representando escenas cotidianas, ellos encuentran que, en el caso anterior, las personas ofrecen descripciones orientadas a otros. Sus reportes intersubjetivos evocan valores colectivos. Mientras que los ejemplos son estéticos, la misma lógica bien podría aplicarse a cuestiones axiológicas.

Continuando la temática cultural, Tribble (en este volumen) reconsidera las interpretaciones Elizabeteanas/Jacobinas en las obras de Shakespeare. Enactuar una interpretación era más importante que la reiteración del contenido verbal (o codificado). Los participantes de la compañía, junto con los hombres contratados, emplearon recursos materiales para improvisar. A diferencia de los actores que se mantienen fieles al texto, ellos recrearon lo que imaginaban. Interpretando en tanto *sistemas cognitivos distribuidos*, ellos vincularon patrones verbales, gesticulaciones, patrones métricos en un espacio público. Dado como la obra de Shakespeare era realizada, su escritura muestra influencia colectiva. Ciertamente, la colectividad ilumina hazañas tales como realizar 6 obras en un mismo periodo. Luego, Van Heusden (en este volumen) vuelve sobre los recursos intracraneanos. En su *hipótesis de doble procesamiento* desarrollamos signos internos basados en percibir diferencias. A pesar que la memoria humana nunca corresponde a eventos, ellos estabilizan la realidad y nos liberan del flujo presente por medio de introducir la duda. Esto da forma a la semiosis mimética la cual, para Donald (1991), apuntala el lenguaje y la tecnología. En considerar el lenguaje como una forma de cognición, la visión de van Heusden contrasta con aquella de otros contribuyentes.

El artículo final desarrolla temáticas ecológicas. Rechazando reglas o normas libres de valor, Hodges (en este volumen) presenta el lenguaje como un sistema de cuidado [caring system]. Este aumenta nuestros poderes accionales y perceptuales por medio de realizar valores que conectan un individuo con el dominio colectivo. Esto es ecológicamente especial y da forma a los modos humanos de ser [being]. Luego, Raczaszek-Leonardi (en este volumen) se refiere a como el lenguaje puede ser tanto simbólico *y* dinámico. Usando biosemiótica, ella sugiere que, tal como en sistemas vivientes, ningún símbolo puede ser abstraído de la malla en la cual ha evolucionado. Como resultado de la constante renovación de las funciones dinámicas de la malla para permitir y constreñir la actividad social. Los símbolos miden las dinámicas, ejercen control y, crucialmente, impulsan las mediciones humanas. Dado a que los ‘mismos’ símbolos permiten muchas interpretaciones, el lenguaje integra eventos a través del tiempo real, desarrollo y evolución. Finalmente, Steffensen (en este volumen) explica detalladamente por qué importa que el lenguaje sea no-local: él enfatiza como, en tantos individuos, contribuimos a la cognición lingüística. Como resultado, aprendemos a actuar, no autónomamente, sino que como seres responsables cuyos valores realizándose es crucial para el funcionamiento de la ecología extendida.

  1. Imbumba: haciendo cosas en conjunto

La naturaleza simbiótica del lenguaje asegura que mientras sus dinámicas nos llevan a la acción, lo que es dicho constriñe lo que hacemos en conjunto. Para agentes bioculturales como nosotros, mientras que los genes y los cerebros importan, mucho dependen también del palabreo [wordings], artefactos y otros fenómenos no-locales (e.g. el intercambio de ‘turnos’, cara, dinero, educación). El lenguaje combina actividad hábil con como patrones verbales y otros recurrentes estabilizan los modos de vida y de trabajo. Mientras que el inglés carece de un término para esta co-actividad, en isizulú, esto es llamado Imbumba. Como Donald (1991; 2007) sugiere, es probable que prácticas hábiles [skilled practices] hayan co-evolucionado con el lenguaje y la cultura. Sin embargo, mientras que van Heusden (en este volumen) rastrea los resultados a la cognición semiótica, otros enfatizan como anticipamos lo que nosotros (y otros) percibirán. Incluso leer es creativo. Aunque más trabajo empírico es necesario, esto establece un debate. Mientras que van Heusden enfatiza los procesos limitados al cerebro, Järvilehto y Steffensen se centran en las relaciones organismo-ambientales no neurales. Para Kravchenko (en este volumen), el resultado de la malla de lenguaje (o sobrelapamiento de ‘dominios consensuales’) nos da las habilidades para conectar nuestros poderes. En la lectura, por ejemplo, podemos hacer mucho uso de como orientamos nuestras identidades cambiantes. Para Hodges, buscar asir las [affordances] de palabras las habilita para “reflejar intereses de las preocupaciones culturales y ecológicas” (en este volumen: *página*). En la cognición humana, las constricciones biológicas nos llevan a involucrarnos entre nosotros en un mundo de normas culturales e instituciones. Los patrones verbales, y de escucha, nos llevan a individuarnos en tanto miembros de grupos sociales.

La cognición semiótica es compatible con la heterogeneidad humana. Para van Heusden (en este volumen), esto es debido a que la semiótica indica ausencia. No hay entidades lingüísticas determinadas y, igualmente, no hay signo que posea un significado (completamente) especificable. Los fenómenos culturales son difusos o, en los términos de Hodges (en este volumen), el lenguaje de primer orden realiza los valores. Esto es compatible con ver el teatro como una re-enactuación de una visión compartida.

La historia puede haber asegurado que el teatro de Shakespeare fuese ubicado “entre la actuación y el poema.” Tribble (en este volumen) sugiere que esto muestra no solo en detalles textuales sino que igualmente en las prácticas y recursos de los actores. Su heterogeneidad explota la sensibilidad al flujo y, quizá, la alienación humana (la inhabilidad para obtener signos de la manera correcta). Efectivamente, independiente de sí debido a cerebros o una ecología cultural, hay convergencia. Varios contribuyentes invocan de la inherente dualidad que aparece cuando el lenguaje es visto desde una perspectiva distribuida. Mientras que es más explícito en la *cognición semiótica*, una dualidad de símbolos y dinámicas reaparece en la visión de la biología de Raczaszek-Leonardi. También surge en Tylén et al. (En este volumen) contrastando entre lo que nosotros reportamos en imágenes que varían entre, en una parte, respuesta personal y, por otra parte, descripciones que reflejan actitudes intersubjetivas.

Un análisis más profundo exige una explicación de cómo podemos escuchar proferencias, ver textos e interpretar obras como lo hacemos. Haciendo eco de Ross (2007), Tribble sugiere que los recursos distribuidos nos dan espacios de significado compartidos. En momentos Imbumba, las personas se involucran en flujo y, en otros momentos, experiencia alienación. Usualmente tenemos que tratar con signos de no reconocimiento y, en muchas ocasiones, percatarnos de manera distinta. El significado surge mientras, en conjunto, usamos dinámicas para reestructurar nuestro pensamiento. Mientras que apelar a símbolos materiales solamente permite una reorganización sin fin, la innovación es necesaria si es que los seres vivos han de depender de recursos no locales. Precisamente porque estos no tienen el mismo ‘significado’ para cada persona, es que innovamos a medida que nos co-ordinamos (ver, Hollan et al., 2000) [5]. Dado patrones no locales, los palabreos [wordings] nos llevan a pensamientos nuevos. En momentos Imbumba, perturbaciones surgen en tanto recursos lingüísticos gatillan pensamientos, sensaciones, hábitos (y viceversa). Para Raczaszek-Leonardi (en este volumen), porque [cognize] al mundo, los símbolos se vuelven parte de lo que somos. Esto ocurre debido a que constriñen las biodinámicas mientras hablamos, escuchamos, pensamos y, efectivamente, leemos/creamos textos. Lejos de extender una mente interna, una historia de co-ordinación asegura que estos se vuelven apropiados para realizar valores. Esto se aplica durante la conversación, lectura en voz alta o silenciosamente resolviendo problemas de introspección.

En la lectura en voz alta, el lenguajeo ocurre cuando no lo inhibimos. Como Järvilehto et al. (En este volumen) muestran, Intervalos de Fijación del Discurso [Fixation Speech Intervals] dan luz en lo que esperamos ver. Las mediciones muestran que los lectores buscan aquello que esperan articular. En el diálogo también, anticipamos lo que otras personas dirán (y harán). Ta como Fioratou y Cowley (en este volumen) encuentran en la resolución de problemas de introspección, dependemos del monitoreo de oportunidades. La agencia utiliza estructuras materiales para invocar normas tal como, en la resolución de problemas, buscamos soluciones. Mientras que la introspección puede depender de procesos conscientes, también puede usar la serendipia. Dado una posición de lenguaje [language stance], los eventos pueden generar introspección. Como Tylén et al. (En este volumen) reportan las imágenes como señales también producen improvisación. Dado que lo cerebros nos preparan para la interpretación, es posible que una historia de lenguajeo nos lleve a un redespliegue neuronal. Cuando anticipamos, Tylén et al. (En este volumen) argumentan, el área de Broca contribuye a la creación de sentido interactiva y a la construcción de significado. Efectivamente, la visión distribuida da un nuevo peso a como, durante la actividad co-ordinada, las situaciones nos llevan tanto a usar rutinas y, cuando estas fallan, como a crear modos nuevos de actuar y/o hablar.

  1. Perspectivas futuras

En ver el lenguaje como una co-ordinación, nuevos espacios de significados surgen. Mientras que este volumen invita a lectores a cambiar su visión del lenguaje, esto requiere de un doble cambio de perspectiva. No es suficiente con asumir que los cerebros controlan la acción y que el lenguaje está distribuido. También es necesario ver que, debido a que el lenguaje está constantemente renovándose en la malla social, no hay necesidad para que los patrones verbales estén representados ‘en la cabeza’. Efectivamente, es en esta introspección la que nos permite derrocar los modelos de prioridad al símbolo [symbol-first symbils] y, en su lugar, destacar la infinalizable del lenguaje. La importancia de este fenómeno está más claro en los momentos Imbumba o en aquellos en los cuales luchamos por comprender como una tarea puede ser lograda. Por ejemplo, al leer este artículo, muchos habrán recogido alusiones a Heidegger, Wittgenstein, Davidson y otros. Mientras que ninguno de estos nombres ha aparecido en el texto, actos de escritura crean un entorno fluido que puede ser evocado (vagamente) por el lector (un *dominio consensual* potencial). Aquellos con las habilidades y experiencias relevantes pueden utilizar fuentes sin nombre para enriquecer sus propios actos de lectura. La intertextualidad surge, en términos cognitivos, mientras conectamos los aspectos dinámicos y simbólicos del lenguaje. Raczaszek-Leonardi lo pone de la siguiente manera:

Las dos perspectivas miran a un fenómeno singular. Lo más fascinante del desafío es llegar a entender cómo se relacionan entre ellos. Desde el lenguajeo dinámico, llegamos a discernir patrones de sonido que se someten a descripciones formales (aunque ‘haga agua’ [leaky]). De este modo un sistema ordenado de sonidos se conecta con dinámicas ricas (en este volumen: pp)

Rastreamos la realidad social a como, durante la actividad de primer orden, las voces producen la creación de sentido. Para hacer eco en Wittgenstein (1978) los conceptos es fuerzan en nosotros o, en los términos de Heidegger (1971), el lenguaje habla. Al abrirnos a tales ideas, la perspectiva DGL ofrece nuevos desafíos al realismo inocente que es base de la lingüística post-saussureana. En tanto tengamos éxito, esto mostrará que el diálogo da forma a las dinámicas cognitivas desde las cuales el lenguaje emerge. Por ahora, una hipótesis es que, lejos de necesitar la reutilización de significantes lingüísticos, dependemos de la anticipación de resultados. La creación de significado co-ordinada corporiza [embodies] pensamientos: dependemos primero de las dinámicas y luego de los símbolos.

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