Engels y la vieja nueva mayoría

Otra más de Engels en Revolución y Contrarrevolución en Alemania. Veamos qué sucede cuando quienes tiran pinta de demócratas se denominan la renovación de lo viejo y en oposición a la reacción. Esto es en el contexto de fines del siglo XIX, luego de que los diputados de derecha abandonaran la asamblea se quedaron los de izquierda:

. . . la simple deserción de los diputados de la derecha fue suficiente para convertir la vieja minoría en mayoría de la Asamblea. La nueva mayoría, que jamás había soñado antes con obtener esa dicha, aprovechó sus escaños de la oposición para echar peroratas contra la debilidad, la indecisión y la indolencia de la antigua mayoría y de su Regencia imperial. Ahora todos ellos tuvieron que ocupar de pronto el puesto de la vieja mayoría. Ellos tenían que mostrar ahora de qué eran capaces. Naturalmente, su actuación debía ser enérgica, resuelta y activa. Ellos, la flor y nata de Alemania, pronto podrían empujar al senil Regente del imperio y a sus vacilantes ministros, y en el caso de que eso fuera imposible, destituirían, y no podía caber ninguna duda de ello, por la fuerza del derecho soberano del pueblo a ese impotente gobierno y lo reemplazarían con un Comité Ejecutivo enérgico ei nfatigable que aseguraría la salvación de Alemania. ¡Pobrecitos! Su gobernación, si puede llamarse gobernación donde nadie obedece, era más ridícula aun que la de sus predecesores.

La nueva mayoría declaró que, a despecho de todos los obstáculos, la Constitución imperial debía ponerse en práctica y sin demora . . .

La historia termina con que la Asamblea se dejó estar, no continuó quebrando con el orden establecido, las insurrecciones las dejaron estar por su cuenta. Finalmente, la reacción volvió y la asamblea pasó “sin pena ni gloria”.

¡Hasta los nombres se repiten en la farsa de la tragedia!

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