Engels y la Asamblea Constituyente Prusiana

Engels escribiendo en 1852 sobre la asamblea constituyente Prusiana y quizá también sobre la posible Chilena según el voluntarismo de empujarla por el acto.

La Asamblea Constituyente o, mejor dicho, “la Asamblea elegida con el fin de llegar a un acuerdo con la Corona sobre la Constitución”, y su mayoría compuesta de representantes de los intereses de las clases medias, hacía mucho tiempo que habían perdido la estima del público, ya que por miedo a los elementos más enérgicos de la población, se complicaba en todas las intrigas de la Corte. Confirmó o, mejor dicho, restableció los odiosos privilegios del feudalismo, traicionando así la libertad y los intereses de los campesinos. No fue capaz de redactar una Constitución ni enmendar en modo alguno la legislación general. Se ocupó casi exclusivamente de dar bonitas definiciones teóricas, de meras formalidades y problemas de etiqueta constitucional (…) Además, en la Asamblea no había ninguna mayoría estable y casi siempre decidían los problemas las vacilaciones del “centro” que, inclinándose con sus titubeos tan pronto a la derecha como a la izquierda dio al traste (…). Pero mientras los liberales aquí, al igual que en todos los demás sitios, dejaron perder la ocasión, la Corte reorganizó a sus elementos de fuerza entre la nobleza y la parte más atrasada de la población rural, así como entre el ejército y la burocracia. Después de la caída de Hansemann se formó un gobierno de burócratas y militares, todos reaccionarios recalcitrantes, que, sin embargo, daba a entender que estaba dispuesto a tomar en consideración las reivindicaciones del Parlamento. Y la Asamblea, que se atenía al cómodo principio de que importaban las “medidas, y no los hombres”, toleró que la engañasen tan llanamente que llegó a aplaudir a este Gabinete, en tanto que ella, naturalmente, no dedicaba la menor atención a que este mismo Gabinete iba concentrando y organizando abiertamente las fuerzas contrarrevolucionarias.

(…)

Y aquí, el momento decisivo para la revolución prusiana había llegado en noviembre de 1848; la Asamblea, oficialmente a la cabeza de todos los intereses revolucionarios, no mostró ni un frente robusto, ya que retrocedía ante cada avance del enemigo; y menos aun atacó, ya que optó por no defenderse. . .

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